El programa Mayores en Movimiento del CDR Palancia Mijares se implantó por primera vez en marzo de 2023. En estos tres años se ha ido consolidando en distintos municipios de las comarcas del Alto Palancia y Alto Mijares, con la mirada puesta en convertirse en un activo del territorio que amplía la oferta de acciones dirigidas a la dinamización de la población mayor, manteniéndola activa y saludable.
Su elemento diferenciador es claro:
- Prioriza la intervención en los pueblos más pequeños y alejados de los grandes núcleos de población.
- Contribuye a revitalizar el entorno rural.
- Sitúa el bienestar y las motivaciones de las personas mayores en el centro.
El programa apuesta por la permanencia de las personas mayores en el territorio, como pieza esencial para mantener los pueblos vivos.
Su razón de ser es ofrecer a las personas mayores un punto de encuentro que promueva vínculos saludables y fortalezca el sentido de identidad, desde una mirada de respeto y reconocimiento. Se trata, además, de poner en valor su potencial como testimonio vivo de la historia y la cultura de nuestros pueblos.
Proyección del programa Mayores en Movimiento
Aunque prioriza municipios de menos de 1.000 habitantes en las comarcas del Alto Palancia y Alto Mijares —contextos marcados por la distancia a las principales vías de comunicación y el menor acceso a recursos—, el programa no descarta su implementación en poblaciones más grandes cuando existan situaciones de vulnerabilidad.
El objetivo general es facilitar el acceso a recursos y servicios que favorezcan el envejecimiento activo y saludable en el entorno rural, mediante acciones que priorizan:
- La autonomía personal de las personas mayores de 60 años.
- Su inclusión social.
- La reducción de la soledad no deseada y el aislamiento en los pueblos de interior.
Entre sus líneas de actuación se incluyen:
- Estimulación cognitiva y sensorial.
- Inclusión digital y reducción de la brecha tecnológica.
- Fortalecimiento del sentido de identidad colectiva.
- Espacios de socialización para combatir la soledad no deseada.
Asimismo, el programa incorpora una dimensión de sensibilización social: promueve los buenos tratos hacia las personas mayores, el fortalecimiento del tejido social —incluidos los vínculos intergeneracionales— y la reflexión sobre la problemática de la vivienda en el entorno rural.
En este último ámbito, propone un enfoque innovador al incorporar la visión de las personas mayores, sector que concentra la mayor parte de la propiedad de viviendas. Se desarrollan acciones informativas sobre recursos y servicios que contribuyan a desbloquear parte de esta problemática, generando confianza para reactivar viviendas en desuso o valorar fórmulas como la vivienda compartida.
En definitiva, el programa busca romper el aislamiento social ofreciendo espacios de encuentro, comunicación e intercambio. Talleres, charlas y actividades formativas favorecen el crecimiento personal, refuerzan la autoestima y mejoran la calidad de vida, permitiendo además una relación más equilibrada y segura con el entorno familiar.
La formación en competencias digitales resulta fundamental: facilita la realización de gestiones cotidianas, la comunicación a través de redes sociales o la gestión de citas médicas, entre otras acciones. Esto incrementa la autonomía, reduce la dependencia y supone también un alivio para el entorno de cuidados.
Frenar el edadismo: reconocer el valor de las personas mayores como motor del territorio
El programa incorpora también una mirada explícita frente al edadismo, una forma de discriminación silenciosa que invisibiliza, infantiliza o minusvalora a las personas mayores por el mero hecho de su edad. “Mayores en Movimiento” se plantea como una herramienta activa para cuestionar estos prejuicios, poniendo el foco en la valía, la experiencia y el conocimiento acumulado de las personas mayores como un activo invaluable para la comunidad. En el contexto rural, donde este colectivo constituye una parte esencial del tejido social y custodia buena parte de la memoria, la cultura y el patrimonio local, reconocer su papel no es solo una cuestión de justicia social, sino una estrategia clave para el desarrollo y la cohesión del territorio.
Impacto en la población mayor del territorio

El programa promueve el derecho a envejecer dignamente, en comunidad y con oportunidades. En este sentido, prioriza alternativas a la institucionalización, favoreciendo que las personas mayores mantengan el vínculo con sus raíces y con el territorio, un aspecto con un fuerte impacto emocional y en la construcción del sentido de identidad.
La reducción de la soledad no deseada es el eje vertebrador de todas las actuaciones. Cada acción está diseñada para incidir —de forma directa o indirecta— en los factores que la generan, mediante:
- La promoción de la participación activa.
- El refuerzo de los vínculos sociales y comunitarios.
- La generación de espacios de relación significativos.
Esta transversalidad se concreta en la incorporación sistemática de criterios orientados a fomentar la interacción social, el acompañamiento, la creación de redes de apoyo mutuo y la detección proactiva de situaciones de vulnerabilidad.
Actividades como:
- Talleres intergeneracionales.
- Estimulación cognitiva y gimnasia cerebral.
- Musicoterapia.
- Ocio y tiempo libre.
- Recuperación de historias de vida.
Se diseñan con intencionalidad relacional, priorizando la interacción entre personas con distintos grados de aislamiento.
El programa responde al diagnóstico social del colectivo al que se dirige: un sector mayoritario en las poblaciones rurales que necesita espacios para socializar, encontrarse con iguales y ser reconocido en sus particularidades. Espacios acogedores que acompañen un proceso de envejecimiento respetuoso, fomenten los buenos tratos y la mejora psicoafectiva, y cultiven la autonomía personal para alcanzar mayor bienestar y calidad de vida.
Un lugar, en definitiva, donde sostener las singularidades de un colectivo vulnerable y, al mismo tiempo, fuerte y resiliente, cuya historia de vida da sentido a buena parte de la historia y la cultura de nuestros pueblos.
Trabajo en red y apoyo integral

Lejos de plantear acciones desconectadas del territorio, el programa mantiene el foco en la colaboración con entidades y administraciones locales y supramunicipales, complementando las intervenciones ya existentes.
Una parte esencial de su implementación es la valoración individualizada de necesidades e intereses, desde una visión integral centrada en la persona. Esto permite adaptar las acciones para maximizar su impacto positivo y coordinarse con los servicios sociales, reforzando la atención y el acompañamiento que se realiza desde la administración.
En 2026, el equipo incorporará además atención individualizada a personas mayores con características que limitan o impiden su participación en actividades grupales. Será prioritaria la coordinación entre el equipo del CDR y el entorno de cuidados de personas con patologías o situaciones de dependencia, con el objetivo de mejorar efectivamente su calidad de vida.
El servicio de psicología de la entidad realiza un seguimiento cercano y profesional que permite detectar necesidades emergentes, ofrecer recursos propios o derivar, cuando procede, a servicios públicos o privados del territorio.
Participar A LO GRANDE: más allá de actividades aisladas
Como novedad en la edición 2026, el programa evoluciona en su formato de implementación. Se pasa de un listado de actividades desarrolladas en un espacio concreto a la configuración de verdaderos Espacios de Participación.
Estos espacios se conciben como lugares de referencia para el encuentro de las personas mayores, donde tejer vínculos de calidad y donde puedan proponer, participar y desarrollarse según sus intereses y motivaciones.
Surge así la figura del “Espacio Grande”, un espacio de identidad que actúa en los municipios donde se implementa el programa. Más que un lugar físico, es el contenedor que articula toda la intervención.
En su interior crecen:
- Talleres y acciones formativas.
- Propuestas de estimulación cognitiva.
- Actividades de mejora física y emocional.
- Ocio y tiempo libre compartido.
- Planes de atención individualizada.
Participar a lo Grande implica, así, ir más allá de un conjunto de actividades aisladas para construir comunidad, pertenencia y continuidad en el tiempo.


